
A la memoria de Marcelo Quiroga Santa Cruz, asesinado por la dictadura de García Meza en julio de 1980.
–Y luego soñé con un movimiento social de los desaparecidos, los sin cuerpo, que exigían, sin ceremonias, la devolución de todos, toditos, sus huesos –contó Nicolás en inesperada intervención. Hablábamos de los desaparecidos de las dictaduras, esos seres a quienes “nadie les ha explicado con certeza si ya se fueron o si no”.
Sueño o duermevela, la movilización de los “sin cuerpo”, en reclamo de antiguas pieles e irrenunciables huesos, bien podría ser el final de un cuento de misterio. Pero la cuestión es otra, ineludible: no puede haber construcción democrática de calidad, sustentable, sobre cimientos de olvido impuesto o, peor, de amnesia asumida.
¿Qué significa, en democracia, la existencia de desaparecidos, que no enterrados, “buscándose/buscándonos”? En principio una asignatura pendiente que no admite transacciones. Supone también que persisten rastros de impunidad, con pequeñas maniobras y grandes simulacros. Pero lo más importante/condenable: que aún hay ciudadanos privados del elemental derecho de enterrar a sus muertos.
Decían los “transitólogos” que la democratización en nuestros países se debatía entre sepultar el pasado o saldar cuentas con la historia. ¿Encubrimiento táctico o descubrimiento estratégico? ¡Vaya dilema ético-político! Los “patios interiores” de la democracia, ya se sabe, así como sus pasillos visibles, están plagados de miedo.
Para algunos “consolidólogos” aquel ya no es un problema. La ingeniería constitucional no es cosa de cementerios clandestinos. O al revés: los desaparecidos no caben, ni como sombrita, en las instituciones políticas. ¿A quién se le ocurre –razonan– seguir reclamando viejos huesos, digamos cenizas, cuando tenemos relucientes esqueletos normativos?
¿Pero es posible atenuar “los recuerdos más amargos”?
¿Se han purgado ya las sociedades nuestras de “sus peores temores y resentimientos”?
¿Dónde guarda uno, en qué rinconcito, lo que le asfixia-duele?
Vuelvo al sueño de Nicolás. Me gustaría pensar en los desaparecidos como un novísimo movimiento social, robusto guardián de la memoria, que además de luchar por el impostergable derecho a recuperar los cuerpos suyos, nos alerte, sin concesiones, contra la cómoda tentación del olvido, ese miserable apagón del nunca más.





5 comentarios:
Qué lindo texto, querido José Luis. Te mando un cálido abrazo desde estas tierras. Y FELICIDADES POR TU BLOG. Lo seguiré regularmente.
Diana
Pucha, Sexeni. Hasta que al fin te animaste a regalarnos tu blog. Gracias y fuerza en este nuevo emprendimiento creativo que, como todo lo que haces, seguro dejará una profunda senda. Con cariño:
VALERIA
Hola José Luis:
Mis felicitaciones, desde la trastienda de la academia de esos años de alumno tuyo en la UCB, me complace seguir tus ideas y compartir contigo y los demás motivaciones del presente.
Marcel
Linda reflexiòn. Estoy convencido que no puede haber democracia con desaparecidos ni con impunidad. Ustedes en su país ya metieron un dictador a la cárcel. Eso es bueno. Me gustaría conocer más sobre Marcelo Quiroga.
Saludos.
Un movimiento social de los desaparecidos. Gran metáfora.
Publicar un comentario