lunes, 6 de agosto de 2007

Rojos


Grande Chavela Vargas, precursora de los ponchos rojos.
(Fuente: El Mundo)

Rojos-rojitos-rojos. Los hay panchos (con preferencia tríos). Otros son ponches (calientitos/copiosos). Existen también los pinches (hablo de los renegados: véase abuelito Tano). Y están, claro, los ponchos rojos (Omasuyos presente).

El polémico desfile “combinado” entre militares y pueblos indígenas y originarios terminó como debió haber empezado: una fiesta-celebración de la diversidad. Atrás quedaron esos (in)fundados temores de violencia montada en la intolerancia y el odio. Hubo una terrible “invasión” en Santa Cruz de la Sierra (Maestra), cierto. Pero no de indios desalmados que arrasarían “los valores cruceños” (por favor, unionistas, parecen viejos prematuros). Fue una invasión de bolivianos que, para ser vistos, en lugar de cubrirse el rostro como los zapatistas, hubieron de mostrarlo en sus tonalidades múltiples.

Aquí estamos, aquí estamos, dijeron.
Nunca más una Bolivia sin nosotros, asentaron.
Rojo, amarillo y verde, exhibieron.

Y los demonios-espantajo, esos agoreros del desastre, bufaron en sus cavernas.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué encantadora nota, José Luis. Leyendo cosas como éstas una reafirma que hay dignidad a prueba de cavernarios.

Anónimo dijo...

Estoy seguro que si Chavela Vargas fuese boliviana estaría en la vanguardia de los ponchos rojos. Nadie como ella para abrir esos brazos y quebrar la voz.

Anónimo dijo...

"...quién podría reir como llora Chavela" dijo alguien que no recuerdo. Y, quién podría marchar con mas derecho que un poncho rojo (léase todos los pueblos indígenas)en suelo boliviano? Brindo pues por esa bella diversidad con rojo vino, SALUD!!

Anónimo dijo...

Disfruto mucho leyéndote, Sexeni. Te quiero.
Diana

Anónimo dijo...

Disfruto mucho leyéndote, Sexeni. Te quiero.
Diana

Jose Antonio dijo...

Bueno, yo no te quiero mucho todavía, pero me encanta tu laburo.

Y estoy chocho con lo que aquí (en Santa Cruz) sucedió (o más bien con lo que no sucedió) el 7 de agosto. Una parada histórica, dignísima, variopinta, más boliviana que nunca.

Claro que ahora los que sabemos dirán que esa es la prueba de lo tolerantes que son, pero todos sabemos que si hubo paz, fue porque ellos no pudieron perturbarla.

Nos felicito, bolivianos, somos mucha cosa!

Anónimo dijo...

Tienes razón, JOsé Antonio. Grande Bolivia. Viva la dignidad variopinta.
No he escuchado a Chavela Vargas pero de sólo verla me dan ganas.
ES

Vania B. dijo...

Me encantó este post, sobretodo porque viviendo en la ciudad de los anillos uno se sentía raro de no sentir miedo y de decir "no va a pasar nada" mientras todos los demás dormían con la escopeta bajo la almohada temiendo la invasión altiplánica de los ponchos rojos como si fueran los jinetes del apocalipsis.

Al final, admito - con verguenza- que algo del despelote me contagiaron, sobretodo porque los Unionistas estaban hechos los machos y con ganas de provocar cualquier kilombo.

Después del desfile el silencio se apoderó de los antes envalentonados defensores de su tierra. Pensar que tanto puede hacer la prensa amarillista con sus dardos envenenados.

Un saludo cariñoso.

Anónimo dijo...

Pensar que solo los que no vivieron con el temor en las entrañas, pueden ser tan crueles de juzgar y desestimar la angustia de un pueblo... solo la inocencia/ignorancia puede ser tan ingenua.